Bitácora del parque

Bitácora

Crónicas, historia y colecciones vivas del Jardín Botánico de la UNAM. Toda información citada con su fuente.

Historia 26 de abril, 2026 4 min de lectura

Faustino Miranda y la fundación de 1959

El Jardín Botánico de la UNAM fue fundado en 1959 por los botánicos Faustino Miranda y Manuel Ruiz Oronoz, con el apoyo de Efrén del Pozo, entonces Secretario General de la Universidad.

Faustino Miranda y la fundación de 1959

El Dr. Faustino Miranda González (Gijón, España, 1905 — Ciudad de México, 1964) fue botánico y ecólogo tropical, formado en la Universidad de Madrid y refugiado en México tras la Guerra Civil española. Llegó al país en 1939 y se incorporó a la UNAM, donde dirigió la creación del Jardín Botánico desde su fase de planeación hasta su inauguración formal, según el Instituto de Biología y la entrada biográfica del JAE de España.

Miranda formó equipo con Manuel Ruiz Oronoz, biólogo mexicano del Instituto de Biología, y obtuvo el respaldo institucional de Efrén del Pozo, fisiólogo médico que entonces fungía como Secretario General de la UNAM. La triada gestionó terreno, presupuesto inicial y permisos para arrancar el proyecto en lo que entonces era una zona de pedregal recién incorporada al campus de Ciudad Universitaria.

El equipo de campo de Miranda incluyó a Ramón Riba, Arturo Gómez-Pompa y Javier Valdez, quienes con el tiempo se convirtieron en figuras propias de la botánica mexicana. Las primeras colectas privilegiaron plantas raras y endémicas de las zonas tropicales y áridas del país, con énfasis en familias botánicas como Agaváceas, Cactáceas y Orquídeas.

La elección del sitio no fue casual: el Pedregal —un derrame de lava del volcán Xitle ocurrido hace aproximadamente 1,670 años— ofrecía un sustrato volcánico ideal para reproducir las condiciones de plantas xerófilas de las zonas áridas del altiplano y el norte mexicano. El jardín se diseñó alrededor de las propias formaciones rocosas, integrándolas a la museografía viva.

Colecciones 12 de abril, 2026 3 min de lectura

1,500 ejemplares: la colección de cactáceas

El jardín conserva alrededor de 1,500 cactáceas de 170 especies distribuidas en 39 jardineras sobre 5,377 m². Es una de las mejores colecciones de cactus de México.

1,500 ejemplares: la colección de cactáceas

Según la página oficial del Instituto de Biología y la ficha de Colecciones Vivas, el Jardín Botánico de la UNAM mantiene aproximadamente 1,500 ejemplares de cactáceas que representan a 170 especies. La colección se distribuye en 39 jardineras temáticas que ocupan en total 5,377 m².

Las especies incluyen garambullos, biznagas, nopales, pitayas, pitahayas, cardones, viejitos y muchas otras nativas de los desiertos mexicanos. Algunas son endémicas de regiones específicas —Pachycereus pringlei del desierto sonorense, Echinocactus grusonii del altiplano poblano— y se conservan aquí como respaldo genético para programas de conservación.

Junto a la colección de cactáceas, el jardín mantiene colecciones especializadas de agaváceas (la familia del maguey, agave azul, sotol y henequén), orquídeas en invernaderos climatizados, suculentas en general, y plantas medicinales tradicionales mexicanas. El conjunto es referencia académica nacional para investigadores de botánica.

El sitio funciona también como sitio de prácticas para estudiantes de biología de la UNAM y de otras universidades. La administración mantiene programas de educación ambiental abiertos al público, con visitas guiadas y talleres temáticos a lo largo del año.

Geografía 30 de marzo, 2026 3 min de lectura

El Pedregal y el volcán Xitle

El Jardín Botánico se asienta sobre el Pedregal de San Ángel, un derrame de lava del volcán Xitle que cubrió cientos de hectáreas hace aproximadamente 1,670 años.

El Pedregal y el volcán Xitle

El Pedregal de San Ángel —donde se ubica el Jardín Botánico— es resultado de una erupción del volcán Xitle ocurrida hace aproximadamente 1,670 años. La lava cubrió cientos de hectáreas al sur del valle, dejando una formación rocosa basáltica que durante siglos fue considerada terreno baldío.

Esa misma roca volcánica resultó ser un sustrato excepcional para la flora xerófila. Las grietas en la lava acumulan humedad estacional, las temperaturas en superficie absorben el calor del día y lo liberan lentamente, y el drenaje natural impide encharcamientos. Es decir: las condiciones del Pedregal reproducen, en miniatura, las del desierto.

Cuando la UNAM construyó Ciudad Universitaria sobre el Pedregal en los años cincuenta, parte del equipo arquitectónico buscó preservar la geografía original. La Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel —contigua al Jardín Botánico— protege actualmente cerca de 237 hectáreas de paisaje volcánico original, con flora y fauna nativa.

El Jardín Botánico hace explícita esta relación: muchas de sus jardineras se diseñaron alrededor de las formaciones rocosas existentes, sin remover la lava. Caminar por el jardín es también caminar por una porción del Pedregal preservado, con valor geológico además del biológico.